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ENTREVISTA A VICTORIA FONTANA

por | Abr 6, 2021 | Psicoterapia

Consideramos la temporada navideña como unos días familiares para compartir, reunirnos con amigos, para expresar amor a otras personas a las que no solemos hacerlo en otros momentos del año… aunque también es una etapa que puede traernos muchas tensiones en nuestra relación de pareja si no la cuidamos.

¿Podrías hablarnos de manera resumida sobre el Mindfulness y porque sería conveniente practicarlo?

El Mindfulness, o la atención plena es realmente una capacidad con la que contamos todos los seres humanos. Ya venimos equipados con la capacidad de dirigir nuestra atención, darnos cuenta de lo que observamos y elegir hacia donde queremos enfocar la atención. La práctica del Mindfulness entrena esa capacidad. Observamos el cuerpo, la mente y las emociones junto con nuestra manera de percibir los acontecimientos de la vida. Esto nos permite explorar y entender los hábitos de la mente y así comenzar a entender lo que nos hace sufrir y lo que nos nutre. Por ejemplo, quizás encontramos que la mente está en los lamentos del pasado, o está rechazando el momento en el que estamos, o vive en los anhelos del futuro. Al practicar el mindfulness podemos desengancharnos de esa “mente de mono” que va corriendo libre y salvaje, que opera de manera inconsciente y automática, guiándose por el miedo y la autoconservación. Quizás descubrimos que la mente “sabe mucho”, solo que no siempre tiene razón. Con mucha curiosidad y amabilidad podemos simplemente darnos cuenta, y cultivar el autoconocimiento necesario para nutrirnos, aceptarnos, integrar todo lo que forma parte de nuestra experiencia y soltar lo que ya no nos sirve.

¿Cómo relacionas la resiliencia, tan necesaria en esta época que nos ha tocado vivir con la compasión?

La resiliencia es nuestra capacidad de recuperarnos psicológicamente y seguir adelante después de pasar por una experiencia adversa. Un estudio de Rusch et al. (2015) encontró dos factores asociados con la resiliencia: la maestría (el grado en el que uno percibe que tiene control sobre sus circunstancias) y un entorno social de apoyo. Cuando nos enfrentamos con un trauma o situación adversa, pone a prueba nuestro sentido de autoeficacia y si nos sentimos impotentes e incapaces ante ese reto, el sistema nervioso comienza a entrar en su modo lucha, huida o congelación para “salvarnos” la vida. Esto puede tener un impacto negativo más allá del trauma inicial, conduciéndonos a emplear diferentes mecanismos de afrontamiento que erosionan nuestro bienestar. Al entrenarnos en el mindfulness y en la compasión accedemos a nuestra autoeficacia y a esa maestría mencionada en el estudio, porque desarrollamos la claridad y el discernimiento que nos ayuda a distinguir entre una amenaza de verdad y una respuesta postraumática o un miedo fundado en algo ya pasado. La compasión nos ayuda a sentirnos seguros en el mundo y entre los demás seres lo cual fomenta esas relaciones sociales que tanto necesitamos para ser resilientes. Además, aprendemos a abrirnos a las dificultades, sostenerlas sin tanta reactividad emocional, soltando la narrativa que nos mantiene en el bucle del sufrimiento. Estas capacidades se muestran además en estudios en la neurociencia y en la neuroplasticidad sobre meditadores de mindfulness y compasión (Lutz et al., 2008; Klimecki, et al., 2014).

¿Cómo aplicas el Mindfulness y la visión de la compasión en tu desempeño profesional, como profesora, coach? ¿Crees que es algo que debería generalizarse en otros servicios?

A nivel personal, me ayuda a desarrollar la autoconciencia, gestionar mi propio estrés y nutrirme, y así ofrecer lo mejor de mi tanto a mis alumnos como a mis clientes de coaching. A niveles prácticos, el mindfulness y la compasión aparecen de dos maneras en mi trabajo. Por un lado, mi propia práctica me apoya para poder trabajar desde una intención y una disposición de amabilidad, presencia y conciencia ante los alumnos o los clientes. Esto implica una escucha profunda y una mirada compasiva, sin juicios, tan necesaria para el crecimiento y la confianza.

Por otro lado, estas prácticas se pueden implementar como aplicaciones con mis clientes para crear conciencia y apoyarles en su camino hacia mayor bienestar, equilibrio y liderazgo, para gestionar el estrés y las emociones y para fomentar la autoconciencia. Por ejemplo, en el coaching trabajo mucho con el equilibrio emocional. Muchos de mis clientes son ejecutivos o líderes que manejan equipos y diferentes tipos de personas o situaciones estresantes. Al desarrollar la autoconciencia a través del mindfulness y la confianza a través de la compasión, comienzan a gestionarse desde la calma y la sabiduría y rinden más, al no ser impedidos ni por las emociones abrumadoras ni por la autocrítica dura.

Al practicar la compasión desarrollamos la capacidad de sostener nuestro propio dolor y el dolor del otro, sin quemarnos ni fatigarnos. Creo que estas prácticas sirven de gran ayuda para cualquier persona que trabaja en la salud, los trabajos humanitarios, el liderazgo o cualquier trabajo que implica desarrollar, apoyar o cuidar de otros seres humanos. Además, desarrollar la compasión, la empatía y la amabilidad aumentan las conexiones sociales y ayudan a crear ambientes más saludables y productivos. Cuando la gente se siente segura, no se activa el sistema lucha o huida y eso apoya nuestra capacidad de resolver problemas, ser creativos y conectar con los demás.

¿Recomiendas a tus pacientes o colectivos con los que trabajas estas prácticas? ¿Por qué?

Yo recomiendo estas prácticas a todo aquel que quiere desarrollar la resiliencia, la autoeficacia, la autoconciencia, el equilibrio emocional y el bienestar, porque son prácticas al alcance de cualquier ser humano y nos permite coger las riendas de nuestro bienestar. Además, salen cada vez más estudios que apoyan y atestiguan su eficacia. Eso sí, son prácticas, no píldoras mágicas ni panaceas y quizás no son para todo el mundo. A veces necesitamos otro tipo de apoyo o simplemente no estamos preparados o interesados en dedicarnos a esta actividad. Pero en general, creo que estas prácticas tienen el potencial de aportarnos mucho bienestar.

Los jóvenes actuales están sometidos a mucha información y están sumergidos en una sociedad en crisis, donde prima la falta de ética. Hay poca cultura de cuidado a los demás y autocuidado responsable y saludable.  ¿Qué recomendarías a esos padres o jóvenes para mejorar su equilibrio interno y encontrar una manera más amable de vivir?

En esta época de “fake news” y el bombardeo de información es muy interesante desarrollar la claridad y nuestra capacidad de discernir tanto como es posible lo real de lo falsificado. Esto incluye nuestras propias ideas sobre nosotros mismos y nuestros valores. Esto se puede desarrollar de muchas maneras, y muy eficazmente con el mindfulness. Animo tanto a los padres como a los jóvenes a desengancharse del autopiloto y abrirse a un modo de vivir más consciente.

Las prácticas de la compasión tienen mucho potencial para apoyar la conexión humana y social tan necesaria para nuestro crecimiento. En estas prácticas desarrollamos la empatía y la amabilidad, entre otras cosas, y nos ayudan a conectar con nuestra humanidad compartida. Esto es abrirnos a todo el espectro de sentimientos, percepciones, opiniones y necesidades de todos los seres humanos, lo cual normaliza nuestra propia experiencia, apaciguando emociones como la vergüenza y la culpa, u otras emociones que solemos reprimir. Esta represión engendra los sesgos y cristaliza nuestra visión de nosotros como entidades completamente separadas de los demás, incluso enfrentados, cuando en realidad estamos diseñados para vivir y sobrevivir en comunidad. Las sensaciones de aislamiento y soledad o miedo social remueven un miedo primario que nos pone en un estado de supervivencia. Sin embargo, si desarrollamos la compasión y fomentamos actitudes prosociales podemos disponer de la seguridad, la creatividad y la felicidad.

Así que, mi propuesta es responsabilizarse cada uno de hacer el trabajo de estudiarse y desarrollar la autoconciencia, la autocompasión y la compasión hacia los demás. Y a los padres y la gente mayor en general, les animo a escuchar a los jóvenes, dejarles un espacio para expresarse sin juicios y ayudarles a desarrollar un vocabulario emocional para que puedan aprender a aceptarse, amarse, y gestionar los retos de la vida y así cultivar el equilibrio, la madurez emocional y la resiliencia.

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